México enfrenta el riesgo de una economía dependiente de factores externos, como Venezuela del petróleo.
La historia económica está plagada de ejemplos que demuestran cómo la prosperidad puede ser tan fugaz como el viento que la trae. El auge de una nación, a menudo, se entrelaza con la fortuna de un único recurso o factor externo, creando un espejismo de estabilidad que esconde vulnerabilidades profundas. México, con su moneda robusta, se encuentra hoy en una encrucijada que evoca ecos del pasado de otras naciones latinoamericanas. La pregunta no es si el éxito es real, sino si el cimiento sobre el que se construye es lo suficientemente sólido para resistir las inclemencias del futuro.
El “superpeso” mexicano es motivo de orgullo nacional. Su fortaleza frente al dólar se celebra como un indicio de una economía sana y un gobierno fiscalmente prudente. Sin embargo, la historia nos enseña que una moneda fuerte, cuando su valor no se deriva de una productividad interna diversificada, puede ser una espada de doble filo. La dependencia de factores externos para mantener la fortaleza de una moneda es un riesgo que puede generar desequilibrios severos.
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Author: Gustavo Godoy